"Mirar el agua" Javier Sáez de Ibarra.

viernes, 29 de enero de 2010


Por Adriana Bernal

¿Será posible una prosa para verse? ¿Será que el lector puede convertirse en un promotor del espacio plástico-lingüístico donde converjan las diversas expresiones artísticas? Javier Sáez de Ibarra (Vitoria, 1961) sin proponérselo como tal pero buscando una aproximación a lo anterior, desarrolló el volumen de cuentos "Mirar el agua" (Páginas de Espuma, 2009), mismo que ha sido galardonado con el Primer Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero. “De alguna forma, este libro es un conjunto de pequeños experimentos: del cómo ciertas técnicas de la pintura se pueden aplicar para escribir cuento o del cómo ciertos motivos, por ejemplo, de Las Meninas o los grabados de Goya, se pueden utilizar para narrar de otra forma”.

En los dieciséis relatos que conforman Mirar el agua, hay un juego triple de percepciones: si bien escritor, lector y personajes, tienen un caudal de posibilidades de algún modo u otro terminan limitados al espacio sea éste incluso, ellos mismos y sus miedos, sus juicios o puntos de vista: “Para mí lo más importante es la historia que se cuenta aun cuando va de la mano con la voz narrativa. En algunos de estos cuentos, incluso, es el narrador mismo quien interpreta la historia que está contando y evidencia, ante el lector, su propia ceguera, como en el cuento El crítico. La literatura, el cuento, va mucho más allá de contar una historia. Es la propuesta de inmediatez lo que me importa”.

“Me arriesgué a escribir de esta manera, para un lector, casi de poemas más que de narrativa. El lector tiene que poner de su parte para entender lo que sugieren las historias”. Y es que Javier, va contra la falsa historia del contar: “El escritor de cuentos no tiene que contar nada, tiene que presentar, el lector tiene que ver lo que pasa, sin el discurso que engloba, manipula y explica lo que ocurre en un relato. De ahí el interés de vincularlo con las artes plásticas. Me gusta lo estático de la obra de arte. Uno se para frente a ella y se pregunta: ¿qué estoy viendo? ¿Qué me está diciendo? Me gusta detenerme en los detalles y me parece que es algo que las personas estamos perdiendo”.

Más allá de espejismos, cada texto es, en sí mismo, una pintura. Un cuadro donde se aspira al impacto estético donde cada momento no es sino una invitación a la contemplación. A pesar de la brevedad, el lector necesita “tomarse su tiempo” y dedicarse a ser parte de ese espacio figurativo de lenguaje que permita la re-construcción de un espacio propio, el literario construido a dos percepciones.

Perfil

Licenciado en historia contemporánea y doctor en filosofía.
Es autor de cuentos y ensayos. Su obra se ha publicado en España y México.

Ha ganado:

El premio Ciudad de Teruel 2001 por la obra El lector de Spinoza y el galardón Internacional Ribera del Duero, por Mirar el agua.


PUBLICADO EL 25 DE ENERO DE 2010 PERIODICO LA RAZON
 
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